2019. Vito Clemente tras el Requiem de Mozart en el Auditorio Nacional

 

“¡Non guardare la carta!” nos repetía el maestro Vito Clemente en los ensayos del Réquiem de Mozart. No miren la partitura.

Vito Clemente tenía una visión muy clara de lo quería, en su cabeza sonaba el Confutatis con la mejor expresión posible, una expresión que no estaba escrita en la partitura, sólo en su cabeza y en su corazón. Y no había otra forma más que mirarle para conseguir ese resultado: el inicio de cada frase, los crescendo, los pianos, los fortes, los tempos, los contrastes de cada voz … Los símbolos en la partitura estaban, pero la visión y pasión del director no estaba escrita. Y así se hizo evidente: cuando dejamos de mirar la partitura, lo conseguimos.

El escenario no es muy diferente en cualquier organización: un líder/director de orquesta frente a un equipo/coro del que tiene que conseguir la mejor expresión de sus competencias/voces para obtener un resultado/interpretación de la mayor calidad para el cliente/público.

Y aquí tampoco el secreto del éxito está en la partitura, no está en el plan estratégico ni en las normas o procedimientos -aunque necesarios-, sino en la comunicación del líder con su equipo.

Cuando en los cursos trabajamos el ejercicio de la dirección coral con talentos y líderes, cuando todos pasan por el rol de “director de coro” batuta en mano, las metáforas surgen de ellos mismos y espontáneamente, un “insight” más que nos proporciona el arte:

“cada uno tiene su propio estilo de dirección y el resultado es diferente“ “hay que comunicar claramente lo que quieres conseguir con tus manos, tu mirada, tu cuerpo” “algunos necesitan que les mire más que a otros” “la actitud con la que te pones al frente es muy importante para el resultado”, ”es un subidón cuando consigues comunicar bien y el grupo está atento y te sigue”, “aquí delante sientes la responsabilidad a flor de piel: así haces, así te responde el grupo”

Non guardare la carta, no miren la partitura.

YouTube
YouTube
LinkedIn
Share
Instagram